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Corría el verano de 1985, cuando en un avión de la línea aérea alemana Lufthansa, que despegó puntualmente del deslumbrante y moderno aeropuerto de Frankfurt, para después de ocho horas de vuelo, acompañado de dos parlanchines teutones (técnicos en elaboración e instalación de mesones quirúrgicos) y cuyo destino final era el mismo al de este novel e incipiente periodista, a quien El Diario de Caracas le asignó la tarea de cubrir la guerra Irán-Irak que, para ese entonces, se desarrollaba en uno de sus frente más cruentos en Basora; nos depositara en la ciudad siria de Aleppo.
Confieso que mi primera impresión no fue nada agradable, aterrizar en una pista de tierra que, ante la polvoreada levantada por el Boeing, uno no sabía si había desparramado de emergencia en pleno desierto o un aeropuerto. Al bajar las escalerillas, inmediatamente fuimos rodeados por una mal encarada y armada hasta los dientes unidad de combate del ejército de Siria, que de inmediato nos llevaron poco amablemente a una invitación para hablar sobre el objetivo y destino de nuestro viaje. Pero esa es otra historia.
Para ese entonces, el padre del actual derrocado mandatario sirio y fundador de la siniestra dinastía que impuso su mandato a sangre y fuego durante 52 años, Hafez al-Assad, acababa de ser “reelegido democráticamente” con 99,9 % de los votos, por tercera vez en uno más de sus cinco períodos presidenciales, antes de pasarle el testigo dictatorial casi de manera monárquica a su hijo, Bashar, ahora refugiado en Rusia con su familia, con lo que pudo llevarse de su largo y doloroso saqueo a costa del hambre, miseria, millones de refugiados, exiliados y migrantes forzados sirios, especialmente en Europa quienes, horas después de la caída del sanguinario dictador, están retornando. Entrando y cruzando Turquía.
En Ciudad Guayana, particularmente en San Félix, existe una nutrida comunidad árabe siria, entre esos mi concuñado, un recalcitrante defensor de la dinastía al-Assad, fanático chavista madurista irreflexivo, quienes ahora están preocupados por los reflejos del espejo sirio en Venezuela. No es para menos, siempre he sospechado que son una avanzada de agentes del Partido Bass, el mismo de Sadam Husein, en América Latina, particularmente en Venezuela.
Entiendo sus preocupaciones, pues la Corte Penal Internacional (CPI) así como dictó órdenes de aprensiones contra Vladimir Putin (Rusia), Benjamín Netanyahu (Israel), Min Aung Hlaing (Myanmar) por crímenes de guerra, violación de los DDHH, delitos de lesa humanidad, pronto pudiera actuar contra el nuevo inquilino de Moscú como también contra el de Miraflores. Un mismo hilo conductor donde todos los caminos conducen a una prisión en La Haya.
Son conocidas las repercusiones legales de la CPI como también de sus movimientos paquidérmicos, así como el alcance de sus acciones que pudieran aumentar la legitimidad del tribunal, sus desafíos y retos frustrantes ante la posible falta de cooperación de los estados implicados, como evidentemente lo es el venezolano. Lo que pudiera llevar a exacerbar tensiones políticas internas de impredecibles desenlaces de cara al 10 de enero de 2025, fecha en la que estamos a un mes de alcanzar y sumándole diez días más para la entrada en escena, con total investidura legal planetaria, a un impredecible Donald Trump.
Aunque las implicaciones sociales, militares, económicas y políticas de un segundo período de Trump aún están por verse, la impronta de su primer mandato y la conformación de su gabinete para este nuevo gobierno, dan señales poderosas de cómo el mundo pudiera ser sacudido en los próximos cuatro años, muy por encima de la efectividad o no la CPI y su capacidad limitada para hacer cumplir sus mandatos, en el sentido de hacer Justicia a favor de las víctimas, por ser medidas multifacéticas y de grandes desafíos para su plena implementación.
Que van de la sustentación de manera coherente y sistemática de una montaña de investigaciones sobre acusaciones puntuales que, el caso de Nicolás Maduro, todo parece que van bien encaminadas a pesar de la dictadura del dios Cronos, hasta la efectividad de la jurisdicción en cuestión y la real falta de una cooperación internacional que actúe de forma diligente, efectiva y concreta.
Ante la complejidad de tales acciones efectivas por parte de la CPI contra Maduro, Estados Unidos, que no hace parte de la misma, ha empezado a mover sus alfiles para intentar rescatar la democracia en Venezuela y hacer respetar los resultados del 28 de julio pasado, donde resultara ganador de manera aplastante Edmundo González Urrutia, de la mano de la indiscutible y única líder nacional, María Corina Machado, quienes han mantenido vivas las esperanzas de una transición pacífica y democrática como el mejor escenario para Maduro y todo el país.
No en balde hacia esos horizontes apuntan los nombramientos de Marco Rubio como Secretario de Estado (canciller), Elon Musk (encargado de la nueva reingeniería del gobierno de Estados Unidos para su eficacia) y el asesor de Seguridad de la Casa Blanca, Mike Waltz, quienes constantemente han dejado conocer su confrontación con el régimen de Nicolás Maduro, a quienes se le suma la voz lanza en ristre del reelegido senador por Florida, Rick Scott, todos acérrimos rivales de la dictadura bolivariana.
Tanto Rubio como Scott le aseguran a Trump una dupla floridana dispuesta a roer los cimientos en los que dicen se sustenta la revolución madurista: el narcotráfico, el lavado de dinero, la corrupción, la minería ilegal, una vasta red de descomposición dentro de las FFAA, y aliados de dudosa reputación como China, Cuba y los que dejaron abandonado y sin sustento a Bashar al Assad, como Rusia e Irán, lo que pondría mayor presión sobre el régimen de Maduro, que sin duda debe tener varios días viéndose en el espejo de su aliado caído en desgracia, por el abandono del que fue objeto y pensar si no es mejor ir habitando la dacha contigua a la del pana sirio en Moscú. !Llévelo, todo barato! ¡El caldo se pone morao!
Venezuela en resistencia, el fin de la dictadura se acerca.
Hasta el final con Edmundo González Urrutia y María Corina Machado. Venezuela Libre!