Protección de la biodiversidad y los ecosistemas marinos son materias prioritaria del Proyecto Nuestras Costas, Nuestro Futuro

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Especial/ La Guaira.- La protección de la biodiversidad y los ecosistemas marinos es materia prioritaria del Proyecto Nuestras Costas, Nuestro Futuro, que adelanta la Unimet de manera conjunta con la AC. Vitalis y la Fundación Potabilis en cinco poblados de la parroquia Caruao del estado La Guaira, con el apoyo financiero de la Unión Europea.


Agustín Quijada, Biólogo-Ecólogo, miembro del equipo de Biodiversidad del Proyecto Nuestras Costas, Nuestro Futuro destacó la importancia de proteger a las tortugas marinas, por que desempeñan un rol muy importante para la salud de los océanos.


Las tortugas marinas, dijo Quijada, son reptiles ancestrales que han habitado los océanos por más de 100 millones de años. Su biología es fascinante: poseen un caparazón hidrodinámico y extremidades transformadas en aletas que las convierten en excelentes nadadoras. A pesar de pasar casi toda su vida en el mar, mantienen un vínculo vital con la tierra, ya que las hembras regresan a las mismas playas donde nacieron para depositar sus huevos en la arena.


“Especies como la tortuga verde actúan como «segadoras» naturales, manteniendo los pastos marinos cortos y saludables, lo que beneficia la cría de peces y crustáceos. Por otro lado, la tortuga laúd ayuda a controlar las poblaciones de medusas, evitando que estas se conviertan en plagas que desequilibren la cadena alimentaria marina. Fuera del agua, las tortugas cumplen una función vital, ya que los restos de huevos y las crías que no logran sobrevivir en la playa aportan nutrientes esenciales (como nitrógeno, fósforo y potasio) a las dunas costeras. Este abono natural fortalece la vegetación de la playa, la cual es crucial para prevenir la erosión y proteger las costas de tormentas y el aumento del nivel del mar”, explicó el Biólogo.


El Biólogo-Ecólogo destacó que en la actualidad, la mayoría de las especies de tortugas marinas se encuentran en peligro de extinción debido a la actividad humana. La pesca accidental, la contaminación por plásticos, el desarrollo costero que destruye sus playas de anidación y el cambio climático, que altera la temperatura de la arena y, por ende, el sexo de las crías, son sus mayores amenazas.


A través del Proyecto Nuestras Costas, Nuestro Futuro se ha determinado que el urbanismo costero no controlado y el uso de vehículos en las costas son dos de las amenazas más graves para la supervivencia de las tortugas, ya que alteran directamente el lugar donde comienza su vida.


El impacto de los vehículos 4×4 por la arena es devastador por varias razones: Compactación de la arena: El peso de los vehículos aprieta la arena, lo que hace casi imposible que las hembras caven sus nidos. Además, si el vehículo pasa sobre un nido ya existente, puede aplastar los huevos bajo la superficie.


Por otro lado, el paso de los vehículos deja surcos o zanjas profundas, y para una cría recién nacida, que apenas mide unos centímetros, estos surcos son muros insuperables que las dejan atrapadas, exponiéndolas al sol o a los depredadores. Los vehículos destruyen las plantas de las dunas que mantienen la arena en su lugar, provocando que la playa se erosione y desaparezca.


En cuanto al urbanismo de playa, la contaminación lumínica frente al mar genera un conflicto directo con el ciclo biológico de las tortugas ya que las tortugas bebé nacen de noche y buscan el mar guiándose por el reflejo de la luna en el agua.


Las construcciones de cemento y los muros de contención reducen el espacio de la playa, si las tortugas no encuentra arena suave y suficiente espacio, simplemente no anida o suelta los huevos en el agua, donde se pierden.


Proyecto Nuestras Costas, Nuestro Futuro
Según Quijada, una de las principales soluciones que aporta el Proyecto Nuestras Costas, Nuestro Futuro es crear conciencia en la población sobre la importancia de proteger el ecosistema marinos y su biodiversidad. “Que respetemos las playas como hábitat vivo y no solo como un espacio de recreo, para que el ciclo de vida de estas especies no se rompa definitivamente”.


“Proteger a las tortugas no es solo un acto de conservación animal, sino una inversión en la estabilidad del ecosistema global. Al salvaguardar sus rutas migratorias y hábitats, garantizamos la resiliencia de los océanos y los recursos marinos de los que dependen millones de personas. Su supervivencia es un indicador directo del estado de salud de nuestro planeta azul”, expresó.


Como miembro del equipo de biodiversidad del Proyecto Nuestras Costas, Nuestro Futuro, Quijada recomienda que, de común acuerdo, entre pobladores y turistas se prohíba el paso de vehículos en zonas de anidación identificadas, especialmente durante la temporada de desove y lograr que mediante el cumplimiento de las leyes que se pueda mantener las distancias mínimas (retiros), entre el mar y el inicio de cualquier edificio para dejar la playa libre y los que estén instalados utilizar luces rojas o ámbar de baja intensidad que miren hacia el suelo, las cuales no distraen a las crías.

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