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Luis M Navarro D
CNP 5579
El programa de gobierno Venezuela Tierra de Gracia, impulsado por María Corina Machado y los equipos de tecnócratas de Vente Venezuela y la oposición genuina en general, plantea un cambio radical en el modelo económico, político e institucional del país, en todos los órdenes.
Este plan se fundamenta esencialmente en principios como el libre desarrollo del individuo, un Estado subsidiario y una economía abierta basada en una «estabilización expansiva» y un amplio programa de privatizaciones en el marco de una economía y políticas que apunta abiertamente a un liberalismo sin cortapisas.
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Para los sindicatos de Venezuela, y muy especialmente para los del complejo industrial de Guayana (Alcasa, Venalum, Bauxilum, Sidor, Carbonorca, Ferrominera, entre otras empresas del gran complejo metal mecánico guayanés), este cambio de paradigma redefine por completo su rol tradicional y que marcó sus máculas en el pasado reciente, muy especialmente ese sindicalismo impulsado por dirigentes del Psuv que llevó a cientos de miles de trabajadores a la miseria, a una esclavitud moderna con la precarización del trabajo y acabó con sus grandes conquistas socio económicas hasta reducirlos por hambre y necesidad.
En un entorno de transición hacia la propiedad y gestión privada, el papel de las organizaciones sindicales debe evolucionar de la resistencia o la cooptación partidista, evidenciado en la dualidad criminal del patrón sindicalista, hacia un sindicalismo moderno, técnico y estrictamente reivindicativo socio económicamente hablando, sín colores partidistas que marquen su gestión y su relación con trabajadores y patronos.
A la luz de Tierra de Gracia, el papel de los sindicatos de las empresas básicas de Guayana para reivindicar a sus trabajadores se debe enfocar en los siguientes pilares:
Garantizar, primero que nada, la libertad de asociación y la autonomía sindical, libre de ataduras partidistas.
El programa de gobierno Tierra de Gracia enfatiza explícitamente el respeto a la libertad de asociación como supuesto fundamental de una sociedad civil fuerte.
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En ese sentido, los dirigentes y movimientos sindicales en Guayana tienen una gran tarea pendiente por delante y un gran reto que cumplir.
Los sindicatos de la región han sufrido años de judicializaciones, desactivación de contrataciones colectivas (a través de instrumentos como la nefasta circular 2792 que acabó con los derechos de los trabajadores y que fue impulsado por tránsfugas sindicaleras como Ángel Marcano José Gil y Pedro Perales, entre otros conspicuos seudo dirigentes gobiernos para complacer a sus jefes políticos del Psuv, de la mano de Delcy Rodríguez y compañía) y, además, de una implacable persecución de la disidencia laboral en la región y el país.
El nuevo papel visualizado para un nuevo rol sindical, al finalizar la dictadura y el retorno definitivo de la verdadera democracia, debe centrarse en cobijar un nuevo esquema reivindicativo bajo el amparo de la libertad y justicia sindical para a todas las organizaciones gremiales y sus afiliados, con el fin de recuperar su autonomía absoluta frente al Estado y los aún desastrosos partidos políticos corrompidos de ayer y de hoy.
Su rol principal será restablecer la legitimidad de las bases y sus dirigentes, mediante elecciones transparentes; libres de la tutela gubernamental que caracterizó al modelo centralizado impuesto por la dictadura chavo madurita y el rodrigato.
Las negociaciones colectivas dentro del marco de los procesos de privatización y apertura de capital, en Tierra de Gracia propone deslastrar, esencialmente, al Estado de las empresas ineficientes, mediante la atracción de capitales privados nacionales e internacionales.
Esto cambia las reglas del juego en Guayana, eliminando definitivamente al empleador bajo la figura de un Estado-patrono con recursos infinitos (pero devaluados), e impulsando relaciones transparentes con corporaciones privadas, expuestas a la dinámica del mercado y a la inserción sindical en ese esquema sin complejos y sí con mucha gallardía y dignidad ante los nuevos cambios por venir por parte del sindicalismo.
En su nuevo papel, los sindicatos no deben ser diques de contención ideológicos contra la inversión, sino actores técnicos clave en las mesas de negociación de la transición. Su tarea será el de asegurar que los contratos de privatización o concesión incluyan cláusulas estrictas como el respeto a los derechos adquiridos y la antigüedad laboral, la absorción prioritaria de la mano de obra calificada local debe ser un punto de honor, así como el de los pasivos laborales pendientes.
Que, además, contemplen indemnizaciones justas y programas de reconversión en los casos donde las reestructuraciones operativas sean inevitables.
Por otro lado, se asoma con urgencia y fuerza la realidad actual del salario de hambre y humillante que reciben los trabajadores, lo que hay que enterrar definitivamente para conquistar el «Valor del Trabajo» y la Productividad.
Proponiendo, con rigor, indexar el bienestar salarial a la productividad y generar «empleos formales bien remunerados» para promover la movilidad social.
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En ese nuevo papel, los sindicatos de Guayana deben abandonar la vieja práctica de marchar y «luchar» para exigir bonos o subsidios estatales miserables, que terminan como siempre licuados por la inflación. Su accionar fundamental debe dirigirse a negociar tablas salariales competitivas, ancladas directamente a las metas de producción, la eficiencia operativa y la rentabilidad de las plantas de aluminio y acero, entre otras factorías.
Eso llevará a los sindicatos a competir con fuerza, dentro del complejo mundo del sector privado por el mejor talento disponible en el mercado laboral. El sindicalismo debe velar porque esa competencia se traduzca en salarios dignos de nivel internacional para los técnicos e ingenieros de la región.
Sin dejar de lado el codiseño de los nuevos sistemas de Previsión y Seguridad Social, donde el programa de María Corina Machado, la líder del país, de Vente Venezuela y Premio Nobel de la Paz, contempla la creación de un sistema de protección social y de previsión eficiente y sostenible en sus primeros 100 días de gobierno, permitiendo el acceso a pensiones dignas y redes de salud con participación privada en rol estelar.
Las contingencias de salud y jubilación en Guayana han sido críticas, debido al colapso de los fondos y la corrupción rampante mediante la fallida auto administración de los HCM de las estatales.
Los sindicatos tendrán la responsabilidad de fiscalizar y coadministrar, junto a los nuevos inversores, esos fondos de pensiones complementarios y seguros de salud integrales. El papel de los sindicatos será el de actor auditor, para asegurar que los aportes patronales y de los trabajadores se capitalicen de forma transparente y segura.
En el marco del pensamiento de MCM que contempla que ningún venezolano se debe quedar atrás, la formación y capacitación tecnológica de los trabajadores resulta vital para lograr una Venezuela que avance con paso firme hacia su desarrollo educativo y tecnológico.
La reactivación de las industrias bajo estándares modernos, exigirá la adopción de nuevas tecnologías y metodologías sustentables (el plan habla de aplicaciones energéticas limpias y eficientes).
En ese campo, los sindicatos ya no pueden ser estructuras dedicadas únicamente al reclamo; deben transformarse en promotores del conocimiento.
Deben exigir e impulsar programas de capacitación y actualización tecnológica continua, financiados por las empresas privadas, garantizando que cada trabajador de Guayana no quede obsoleto ante la modernización del parque industrial.
El llamado a botón es a dirigentes sindicales guayaneses de largas luchas en la región como Fernando Serrano, Diego Castro, Henry Arias, Leomar Bottini, Estilito García, Manuel Díaz, César Marcano (entre otros muchos que seguramente se me escapan de la memoria y ante los cuales presento mis disculpas por el olvido) para que se deslastren del pesado fardo del pasado y tomen conciencia del rol estelar que les tocará jugar como estandartes del nuevo sindicalismo (sin alusiones políticas), ante el nuevo panorama que se vislumbra con Tierra de Gracia y el papel que deben de jugar los sindicatos ante los cambios de 180 grados que se avecinan en ese contexto y en toda Venezuela, de la mano de Maria Corina Machado.
Con ese panorama por delante y en el marco de Tierra de Gracia, me permito abusivamente, no soy sindicalista pero me apasiona el tema y lo he vivido de cerca, arrojar algunas luces en esa dirección.
Como el que los sindicatos de las Empresas Básicas de Guayana deben dejar de ser un apéndice del control político o un gestor de la escasez.
Su verdadero protagonismo para reivindicar al trabajador será el de un socio estratégico, técnico y vigilante ante el capital privado, foráneo y nacional.
Su misión será garantizar que la llegada de inversiones y la eficiencia del mercado no se traduzcan en precarización, sino en la dignificación del empleo, salarios de vanguardia y el renacimiento de la clase obrera del estado Bolívar, a través del mérito y la productividad.
La última palabra y acciones la tienen ustedes, amigos sindicalistas, ante el enorme reto que se les avecina y seguro estoy que no defraudarán a sus pares de la clase obrera y trabajadora de Guayana y de todo el país. El camino por recorrer es largo, empedrado y sinuoso. Suerte.

Excelente Reflexión . Felicitaciones
Exelente tema ..