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*** La trágica muerte de un conductor en la fila de La Ceiba destapa la crisis de desabastecimiento de gasoil y el esquema de castigos silenciosos que mantiene paralizada a Ciudad Guayana

Ciudad Guayana (Redacción) – La crisis en la distribución de combustible en ciudad Guayana alcanzó su punto más crítico con el fallecimiento del transportista Luis Zamora, miembro de la línea cooperativa Cristo hijo de Dios, quien sufrió un infarto fulminante dentro de su unidad mientras esperaba para surtir diésel. El hecho ocurrió a primeras horas de la mañana del sábado 11 de julio en las inmediaciones del estadio de béisbol La Ceiba, en San Félix, un espacio que según denuncias directas del sector ha sido utilizado deliberadamente para confinar a más de 1000 autobuses entre gasoil y gasolina para ocultar el monumental colapso operativo de la avenida principal Guayana donde se ubica la estación de servicio Borge.
Varios choferes y usuarios visiblemente afectados se comunicaron con la redacción de Hechos News para reportar este deceso y denunciar las condiciones extremas a las que son sometidos. Uno de los transportistas que se encontraba en el lugar relató la estrategia de reubicación de la fila para mitigar el impacto visual de la crisis ante la opinión pública.
«Y yo sé que la gente se pregunta dónde están las unidades de transporte. Bueno, aquí estamos, enfrentando esto. Todo el tiempo es este problema y, de paso, la calle para entrar al estadio está deteriorada y ahí dejamos todo el tren delantero de las unidades», denuncio un transportista en anonimato.

Esta reubicación forzada mantiene a la flota oculta dentro del complejo deportivo mientras las paradas de la ciudad, como la ubicada en el Core 8, Sierra Parima, la Torre Caura, la Monumental del sector Alta Vista, Cruce de la 45, la Casa de la Mujer, la Económica, entre otras, permanecen abarrotadas de usuarios que deben disputarse físicamente los pocos espacios disponibles de los autobuses trabajando para retornar a sus hogares.
El anonimato ante el temor a la exclusión del sistema
Las denuncias recogidas y los testimonios de los transportistas revelan un patrón de intimidación administrativa por funcionarios del gobierno regional y dirigentes de sindicatos adeptos al oficialismo que obliga a los afectados a declarar bajo estricto anonimato. La principal advertencia del gremio gira en torno a la pérdida del derecho al suministro del combustible como mecanismo de castigo inmediato para quien alce la voz.
«El detalle es que todos nos conformamos con 70 litros de gasoil. Y el que habla o dice algo lo suspenden, le quitan el surtido. Pero esto tiene que terminar, a través de los grupos de whats app somos valientes, pero en persona no damos la cara», denuncio un transportista, quien pidió que su nombre se reservara por temor a represalias.
La entrega regular de apenas 70 litros de diésel y gasolina cada 72 horas resulta insuficiente para cubrir las rutas urbanas completas, lo que condena a decenas de comunidades a quedarse sin servicio varias veces a la semana.
Un tercero conductor consultado detalló que la justificación que recibieron por parte del personal de la estación de servicio durante la jornada del sábado, es que la gandola de la estatal petrolera con el cargamento se encontraba averiada.
“No hay conciencia alguna con nosotros, los transportistas avances que tenemos que dormir en malas condiciones en el estacionamiento del estadio de la ceiba para salir temprano a trabajar en la plaza y la gandola de combustible llega a las 2 Pm. Lo de Luis Zamora, como otros casos de otros compañeros que nos reservamos en esta entrevista, es el costo humano que nos toca pasar en la Ceiba”, Puntualizo el tercero entrevistado bajo la figura de anonimato.

Siete años de regulaciones y un esquema comercial bajo sospecha
La problemática del combustible en el estado Bolívar arrastra un historial de irregularidades operativas desde el año 2019, consolidando un modelo de control que restringe el abastecimiento incluso en las estaciones que expenden el producto a precio internacional, donde el límite se ubica entre 60 y 70 litros por vehículo cada 3 días. Esta metodología estrangula la estructura de costos de los operadores de transporte publico, quienes asumen jornadas improductivas de espera sin garantías reales de atención.
«Hasta cuándo se va a seguir en lo mismo, nos carga loco el dólar, el pasaje se devalúa rápido, lo poquito que nos ganamos al día se nos va en la bodega en la noche. Aparte vivimos una zozobra en la bomba que cuando hay combustible, hay que llegar temprano porque si llegas un minuto tarde nos ponchan y no nos quieren surtir. ¿Qué hacen con ese combustible que no nos echan?», puntualizo otros transportista en anonimato
Los profesionales del volante coinciden en que el negocio actual marcha directo a generar un cementerio de unidades de transporte debido al encarecimiento generalizado de los repuestos y la insuficiencia de los ingresos percibidos. La solución planteada de manera unánime por los afectados pasa por desmontar el sistema de censos cerrados y habilitar turnos dobles de trabajo en las estaciones de servicio subsidiadas, una alternativa que permitiría restablecer la normalidad en el suministro y garantizar el derecho al trabajo sin la necesidad de someterse a listados restrictivos.
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