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*** La información genera molestias en la población de esa zona sur del estado Bolívar.

Especial – En la ciudad de Tumeremo, corazón de la Guayana Esequiba, más de 400 comerciantes informales fueron desalojados de manera inmediata y masiva del casco central, incluyendo la Plaza Bolívar, tras una medida impuesta por la Alcaldía de Sifontes que exige el pago de tasas y permisos exclusivamente en oro.
Una exigencia desproporcionada
La denuncia, realizada por Alexis Duarte Perroni, revela que el órgano recaudador municipal condiciona la actividad económica a la entrega de oro, dejando sin sustento a cientos de pequeños emprendedores: amas de casa, madres solteras y trabajadores informales que sobreviven vendiendo pastelitos, cachapas, arepas, perros calientes y otros productos básicos.
“Los comerciantes informales se negaron a pagar en oro y por eso fueron desalojados. Todos los kioscos y tarantines están cerrados, paralizando la economía local”, afirmó Duarte.

Economía paralizada y fiscalización selectiva
La medida ha generado indignación por su carácter desigual: mientras los pequeños vendedores son desalojados, los comercios chinos permanecen intocables, ajustando sus precios a diario según el dólar paralelo. Esta aplicación selectiva de la fiscalización ha encendido las alarmas sobre corrupción y favoritismo dentro de la gestión municipal.
Un pueblo en ruinas
La exigencia de oro no solo golpea a quienes venden alimentos en las calles. Duarte también denunció el cobro de vacunas a motorizados que se dirigen a las minas en las alcabalas hacia Bochinche-Atlántico. Este doble golpe —extorsión a mineros informales y desalojo de comerciantes— está dejando a Tumeremo en un estado de ruina y desesperanza.
“La ciudad parece un funeral”, sentenció Duarte, quien exige una auditoría contable y financiera urgente en la Alcaldía de Sifontes para esclarecer el destino del oro recaudado.
El peor momento económico de la Guayana Esequiba
La población denuncia que nunca antes se había vivido una crisis tan profunda. La imposición de pagos en oro, la paralización de la economía local y las prácticas de extorsión convierten a Tumeremo en un símbolo de abandono y abuso institucional.
