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***Un cierre de año marcado por el colapso de los servicios públicos y la inflación.

Redacción – Mientras el calendario marca las últimas horas del 2025, los habitantes del estado Bolívar enfrentan una realidad que dista mucho de la festividad ideal. El año culmina con una profundización de las fallas estructurales que han golpeado la calidad de vida de los ciudadanos, quienes hoy deben sortear un laberinto de carencias para intentar celebrar el tradicional «cañonazo».
Servicios en declive
La crisis de los servicios básicos se ha agudizado en estos últimos meses del año. Los constantes bajones eléctricos y los cortes prolongados no solo amenazan con dañar los pocos electrodomésticos que quedan en los hogares, sino que mantienen en vilo a las familias que temen recibir el 2026 a oscuras, ya que los bajones también se han acrecentado. A esto se suma la deficiencia en el suministro de agua potable, que obliga a sectores a muchas comunidades a depender de camiones cisterna, los populares carrucheros o de la recolección improvisada para las labores básicas del hogar.
«Deseamos un año bendecido por Dios, y confiamos en Él que todo esto mejore. Ya tuvimos un 2025 con muchas carencias, este debe ser mejor», exclamó la señora Luz María Rojas.
El calvario del combustible y la inflación
La estampa de las estaciones de servicio sigue siendo de desolación y filas kilométricas. La escasez de combustible ha limitado la movilidad en el estado más extenso del país, afectando no solo el traslado de las familias para los reencuentros de fin de año, sino también el transporte público y transporte de alimentos, lo que empuja los precios hacia arriba.
En el ámbito económico, la inflación galopante ha pulverizado el poder adquisitivo. Para el bolivarense de a pie, costear la cena de fin de año se ha convertido en una hazaña heroica; el precio de los ingredientes para las hallacas y el pan de jamón sube por horas, dejando a muchos hogares con mesas incompletas.
«El 2025 fue un año duro, para la mayoría de los venezolanos, queremos un 2026 en prosperidad y que todos los servicios sean básicos mejoren. Que nos alcance el salario y que no suframos por las eternas colas de gasolina» ,, acentuó Carlos Rondón.
Clamor a Dios
A pesar de este escenario de «asfixia» social, el espíritu del guayanés se mantiene en pie. La gente de Bolívar se aferra a la fe y a la unión familiar, rogando a Dios tener un mejor año que el hoy culmina.
