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Especial – La justicia en Venezuela suele ser un camino empedrado, pero para Enrique Naurix Parada, ese camino se ha convertido en un círculo vicioso de seis años casi, que amenaza con cerrarse definitivamente sobre su vida. Lo que comenzó como una detención confusa en Caracas en abril de 2020, ha derivado en una de las crónicas más desgarradoras de retardo procesal y deterioro humano en el oriente del país.
La foto que encabeza este reportaje es una den uncia y alerta en si misma, del lado izquierdo se aprecia a Enrique cuando fue detenido y del derecho como se encuentra hoy, el deterioro físico es un grito de urgencia, que pareciera que la Justicia se niega a ver.
El Desvanecimiento de un Ciudadano
Aquel jueves de abril, la normalidad de la familia Naurix se quebró sin explicaciones. Enrique fue detenido en la capital, pero su paradero se convirtió en un enigma durante 48 angustiantes horas. Mientras sus allegados recorrían hospitales y comandos, él era trasladado a Maturín, estado Monagas, bajo la custodia del Comando Nacional Antiextorsión y Secuestro (CONAS).
Los delitos imputados parecen extraídos de un guión cinematográfico de alta tensión: traición a la patria, asociación para delinquir y conspiración contra figuras del alto gobierno. Guión común, por cierto, a una enorme cantidad de presos políticos. Sin embargo, la realidad procesal cuenta una historia distinta- como pasa con muchso otros casos-. A Naurix se le vincula con un supuesto atentado contra Diosdado Cabello, a pesar de que los registros del juicio indican que ni siquiera conocía a los otros coacusados y que su única acción ese día fue hacerle un favor a un compañero para comprar medicamentos.
Torturas y un Juicio que Nunca Termina
Desde su detención tipo secuestro -otro estandar bastante común en los últimos años-; Enrique simplemente estuvo desaparecido por un largo rato. Tiempo en el cual según reporta su familia fue sometido a diversas desde golpizas frecuentes hasta descargas eléctricas, pasando por meterle los pies en bolsas con ratas que lo mordieron. De esto por supuesto solo existe el testimonio de la familia, pues no hay ningún reporte en el sistema judicial que lo recoja. Como igualmente no ocurre en centenares de casos similares de presos políticos en Venezuela.
De allí en más, y a pesar de padecer una delicada condición de salud previa a su encarcelamiento injustificado, comenzó para Enrique el calvario del retardo procesal, primero en Caracas donde se tardaron 6 meses en su audiencia prliminar y luego en Monagas, cuando lo trasladaron a la cárcel de la Pica. El sistema judicial en Monagas parece haber olvidado el principio de celeridad. El expediente de Enrique Naurix es el testimonio vivo de la ineficiencia:
Primer Juicio: Suspendido tras 21 audiencias.
Segundo Juicio: Extinguido luego de 57 audiencias sin sentencia.
Tercer Juicio: Iniciado en febrero de 2023, aún sin conclusiones a pesar de haberse agotado los medios probatorios.
En este tercer intento, el nombre de Enrique Naurix Parada no ha figurado en las declaraciones ni en las pruebas presentadas por el Ministerio Público. Aun así, permanece tras las rejas. La sombra de la falta de independencia de poderes planea sobre el caso: quien inicialmente avaló su detención como fiscal, hoy preside el circuito judicial del estado, creando un nudo de intereses que impide cualquier beneficio procesal.
La Enfermedad como Sentencia de Muerte
Ahora bien, si el retardo procesal es una tortura psicológica, el estado de salud de Enrique es una sentencia de muerte en cámara lenta. Antes de su detención, desde 2017, ya lidiaba con una cirrosis hepática no alcohólica que limitaba la función de su hígado a un escaso 10%, además de padecer diabetes.
El paso por las celdas del CONAS y otros organismos, marcado por denuncias de torturas físicas —que incluyeron los ya mencionados golpes y métodos de presión psicológica extremos—, detonó un cuadro clínico irreversible. Actualmente, los informes médicos señalan la presencia de un tumor en la cabeza del páncreas, una condición crítica que, sumada a su patología hepática previa, lo mantiene en un estado de fragilidad absoluta. Cada crisis es una lotería donde la estabilización médica es solo un respiro temporal en un entorno que carece de las condiciones mínimas para un paciente oncológico.
El Calvario Familiar: 16 Horas de viaje por dos Horas de Padre
Para la familia de Enrique Naurix Parada, la justicia no solo es una palabra vacía, sino un lujo inalcanzable. Residiendo en Caracas, donde fue originalmente detenido, lo trasladaron a Monagas; cada visita a Maturín es una odisea logística y económica para la maltratada familia. Recientemente, un viaje de 16 horas en autobús, accidentado en la vía de El Guapo, fue el precio que tuvo que pagar su hijo de ocho años para poder abrazar a su padre apenas por 120 minutos.
“El impacto emocional es incalculable. Un niño que ha pasado tres cuartas partes de su vida consciente viendo a su padre a través de rejas, y un adolescente que ha perdido su figura de referencia, son las víctimas colaterales de un sistema que no decide.” Comenta la resiliente esposa de Enrique, que lleva casi 6 años afrontando sola este drama que ha fragmentado su familia. Su hija mayor de un matrimonio anterior, que se encuentra en Chile tiene años sin poder comunicarse en forma alguna con su encerrado progenitor.
Mientras el juicio permanece en un limbo burocrático, el cuerpo de Enrique Naurix Parada se apaga. Su caso no es solo una cifra en las estadísticas de presos políticos o procesados sin sentencia; es el reflejo de un sistema donde el tiempo del tribunal no coincide con el tiempo de la vida, y donde la espera se ha vuelto tan letal como la enfermedad misma. Pues los centros penitenciarios del país carecen de las mínimas condiciones para atender la salud y hasta la simple sobrevivencia de los presos. Ya a estar alturas existe una larga lista de presos políticos que han fallecido tras las rejas, en manos de un Estado que se supone debe ser responsable de su seguridad, debe garantizar su salud y preservar su vida.
¿Será que hace falta que Enrique se convierta en un número más de esa fatídica lista para que los tribunales al fin aceleren su injustificada causa? ¿Será muy complejo que se emita un beneficio humanitario para alguien que sufre tales complicaciones de salud? Las interrogantes quedan abiertas y sólo el sistema judicial puede darles una respuesta satisfactoria. Pero mientras lo siguen pensando el reloj sigue en su cuenta regresiva con la vida de Enrique Naurix Parada. (Gustavo Montaña/ CNP 8235
