CUANDO CAEN LAS TIRANÍAS: CASO SIRIA COMPARACIONES CON VENEZUELA

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La historia ha demostrado hasta la saciedad los efectos que de inmediato afloran en una sociedad sometida por décadas por la barbarie de las dictaduras, de corte militar, su degeneración civil, regímenes teocráticos, de derecha o de izquierda, unipersonales o mono partidistas; una vez que éstas se derrumban ya sea como consecuencia de guerras civiles, revueltas sociales, anárquicas o no, por lo general una combinación de ellas, o, lo más deseable y obligatorio para el caso de Venezuela, por la vía democrática, constitucional y pacífica.

Los primeros efectos inmediatos se perciben en lo social y en la sensación efectiva y práctica de gozar de nuevos aires de Libertad, y en muchos casos de la recuperación del bien sociopolítico de la Democracia, acompañadas sin duda por consecuencias graduales, en términos generales, positivas, tanto en el ámbito de lo económico, como en la reinstitucionalización de los poderes del Estado y la aplicación, es lo deseable, de una Justicia imparcial. Sin hablar del ejercicio político, sin que esto acarree consecuencias. Y así podemos proseguir en lo concerniente al campo Educativo, la Salud y hasta recreacional. Y, obviamente, en el cese de las represiones, las persecuciones, los encarcelamientos y las acciones cruentas.

En el caso sirio, el efecto inmediato que se está desarrollando es el regreso a ese país del Medio Oriente, asolado por décadas por la tiranía dinástica de los al-Asad, padre e hijo, de miles de migrantes perseguidos, refugiados y exiliados, que vienen en masa desde Europa y países vecinos como Turquía, Jordania y el Libano. Además del reencuentro familiar, luego de sufrir la población un incalculable desplazamiento interno, producto de la guerra civil desatada desde 2011. Debo aclarar que el factor armado y guerras en Siria es un elemento totalmente extraño y ausente de la realidad venezolana. Y así debe ser por siempre.

En Siria juegan factores globales de poder similares a los que hacen presencia en Venezuela: Rusia, Irán y corrientes terroristas islámicas. Más actores religiosos que, a

Dios gracias, no se presentan en nuestros lares, así como tampoco los escenarios bélicos exógenos y endógenos presentes en el país árabe. Hay que tener en cuenta tales escenarios en ambos casos para diferenciar cada realidad 

A partir del 10 de enero de 2025, cuando el diplomático y vencedor de las elecciones presidenciales del pasado 28 de julio se juramente como presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Edmundo González Urrutia, junto a su vicepresidente y líder indiscutible de la oposición venezolana, María Corina Machado, se aniquilarán por la vía pacífica cinco lustros de dictadura chavo-madurista, que devino, entre otros males, en un éxodo masivo de venezolanos; se calcula en cerca de ocho millones de migrantes desperdigados por todo el mundo, principalmente en Colombia, España y Estados Unidos, en busca de un mejor ambiente socio-económico-político que les permitiera alcanzar sus sueños. Sin embargo, no debemos soslayar que tal migración masiva, la espontánea, la inducida y la planificada por la necesidad de sobrevivencia, ha generado tensiones evidentes en los países receptores, creando una crisis humanitaria en la región.

Sin dejar de resaltar, comprobado por las cifras oficiales de esas naciones que acogen a nuestros migrantes, el inmenso aporte al Producto Interno Bruto de esos países, que hace la plusvalía de la mano de obra laboral venezolana.

Se calcula entonces que, cifras conservadoras, unos seis millones de venezolanos, una vez se concrete el cambio democrático y pacífico, retornen al país, al reencuentro familiar, a contribuir con el nuevo proceso de cambio institucional que se avizora para dentro muy pocas semanas.

Esos millones de venezolanos, al igual que los sirios en su país, tendrán junto a los que aun permanecemos en Venezuela, la responsabilidad de la recuperación de una infraestructura y una economía destruida. En el caso de Siria por una devastadora guerra civil de más de una década. En nuestra nación como consecuencia de la puesta en práctica de políticas macro y microeconómicas hartamente demostradas, aquí y en los patios de nuestro tutor, Cuba, por solamente poner dos ejemplos, que son rotundamente un fracaso estrepitoso, que ha degenerado en un país hundido, hambriento y despalillado en cuanto hospitales, carreteras, planteles educativos, etc, etc.

Lo que deslumbra en algunos casos puntuales, es producto de los dineros calientes de la corrupción, del narcotráfico y el lavado de dinero, invertido en ciertos y determinados inmuebles y/o espectáculos con capitales que no pueden ser sacados al torrente financiero y económico internacional. Vaya similitud con la producción de la droga captagon en Siria, bajo el amparo de la dictadura, y el llamado Cartel de Soles en Venezuela en el tráfico de cocaína.

Entre los aspectos sociales a encarar, tanto en Venezuela como en Siria, una vez desplazadas las dictaduras, es la de superar la fragmentación social y la visión del que está enfrente es el enemigo, para acabar con la radicalización y las divisiones impuestas con fines que todos conocemos. Así como enfrentar con políticas eficaces y efectivas el flagelo de la pobreza, el desempleo y el casi nulo poder adquisitivo del venezolano. El programa Tierra de Gracia, elaborado por el equipo económico de María Corina, así lo contempla.

El dúo EGU y MCM tienen como prioridad, a partir del mismo 10 de enero, la inmensa tarea de superar el colapso económico en la que se encuentra sumida Venezuela desde hace años, sus picos hiperinflacionarios y la caída drástica de la producción petrolera. A lo que el nuevo gobierno democrático apunta a crear las condiciones para transformar y convertir al país en el necesario y nuevo hub tecnológico y energético de la región para alcanzar su desarrollo sostenido, de cara al futuro inmediato y más allá, poniendo a los ciudadanos venezolanos en el centro de sus planes en cuanto a preparación, bienestar y capacidad de innovación socio-económica.

La caída de dictaduras, tanto en Siria (de manera cruenta) como en Venezuela (de manera democrática) no sólo generan un cambio político, sino que transforman de manera radical la vida de sus habitantes y sus estructuras socio-económicas. El apoyo internacional para la reconstrucción es necesario para impulsar tales políticas, así como la comprensión de los países receptores de casi 8 millones de migrantes venezolanos que se vieron obligados a huir del país, para que se sumen a la tarea de la reconstrucción de Venezuela. Estos aspectos serán cruciales en el nuevo devenir para abordar tales desafíos. ¡El futuro nos pertenece, a partir del 10 de enero!

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