
La negociación de paz en Ucrania llevado a cabo por USA y Rusia tiene similitudes históricas con el Laudo Arbitral de París de 1899 que despojó a Venezuela de más de 150,000 km² de su territorio. La historia y hegemonía de las grandes potencias se repiten con diferentes actores y en diferentes espacios geográficos del mundo. En la reclamación territorial hecha por Venezuela ante el imperio británico, este país rechazó la presencia de Venezuela en las negociaciones de reclamo territorial, alegando que Venezuela no era un país libre e independiente y que su gobierno al igual que su sociedad eran naciones semi barbáricas y que no aceptaría la presencia de Venezuela en las reclamaciones territoriales.
En principio Gran Bretaña alegó que las tierras las había obtenido por negociaciones entre España y Holanda los cuales eran también imperios colonizadores activos en América Latina. Estas reclamaciones territoriales, sin la presencia de Venezuela fueron llevadas, discutidas y decididas por Estados Unidos, Gran Bretaña y Rusia sin la presencia de Venezuela, resultando Venezuela despojada por estos tres Árbitros el 3 de octubre de 1899, en una especie de asociación fraudulenta de despojo del territorio Esequibo por estas potencias, cuya reclamación continúa hasta el día de hoy sin éxito alguno para Venezuela, debido a la influencia de Gran Bretaña y Estados Unidos, que ahora apoyan a Guyana por el descubrimiento de petróleo y minerales en el territorio reclamado.
Hace tres décadas, un hecho similar que demostró la solidaridad imperial de USA y el Reino Unido, se produjo en la reclamación de las Islas Malvinas por Argentina, en el cual los Estados Unidos lejos de apoyar a la Argentina, le proporcionó asistencia militar y logística para que Gran Bretaña obtuviera una victoria militar y política sobre la reclamación de Argentina.
En el conflicto de Ucrania, invadida parcialmente por Rusia, los Estados Unidos y Rusia pretenden negociar una especie de “Laudo Arbitral” sin la presencia de Ucrania, país que es objeto de la invasión Rusa desde el año 2022. Ambas potencias tampoco han aceptado la presencia de la Comunidad Europea en las negociación de paz, el fin a la guerra y a las reclamaciones territoriales de Ucrania. Rusia alega que el Presidente de Ucrania, es un Presidente ilegítimo y que debe realizar elecciones en Ucrania, para poder estar presente en las negociaciones.
El actual Presidente de Estados Unidos, también está en sintonía con esta exigencia del Presidente de Rusia sobre asuntos internos de Ucrania. Existen otras condiciones requeridas por Rusia y Estados Unidos relativas a la soberanía e independencia de Ucrania. Por otro lado, el gobierno de Estados Unidos, el actual Presidente, también pretende imponer que las negociaciones de paz en Ucrania no sólo sean sin la presencia de Ucrania ni de la Comunidad Europea, sino que también condicionan a Ucrania a que firme con los Estados Unidos, la explotación de las reservas de petróleo, gas y de minerales raros, como parte de pago a Estados Unidos, de más de 500,000 millones de dólares, por concepto de ventas de armas y asesoría militar en su defensa.
En otras palabras, la terminación de la guerra tiene un precio para Ucrania y una ganancia para Estados Unidos y Rusia. Asimismo, ambas potencias es decir Rusia y Estados Unidos, pretenden acordar que no habrá indemnización alguna por daños personales y materiales, causados como consecuencia de la invasión Rusia al territorio de Ucrania.
De manera que Ucrania es una especie de pastel geográfico que solo se repartirán estas dos potencias para arribar a un “acuerdo de paz” y de cesión de territorios ucranianos como condición para la paz. La primera reunión, con miras a este acuerdo de paz y reclamo territorial de Ucrania, lo han celebrado Rusia y Estados Unidos en Riyad capital de Arabia Saudita, país petrolero mundial que siempre ha servido de “telonero político” a las grandes potencias mundiales, a cambio de compra de petróleo y protección frente a Irán e Israel. Este evento a sus vez le sirve al país árabe, como una estrategia política de “lavado de rostro” (polítical washing), para un gobierno formado y constituido por una dinastía familiar, que “administra” todos los recursos del país en forma familiar y que somete y reprime a sus adversarios y su sociedad con una dureza barbárica primitiva, como el caso del asesinato y desaparición del Periodista Yamal Khasoggi, asesinado en el Consulado Saudí de Turquía. Estas dos potencias, USA y Rusia han escogido a este país, ya que este les garantiza que no habrán rechazos sociales, políticos y periodísticos en contra de la presencia de ambas potencias, sobre el fin de la guerra de Ucrania.
El suscrito no pretende analizar ni analiza en este artículo las causas históricas, legales, morales y políticas de la invasión Rusia a Ucrania, sino demostrar la existencia de un paralelismo histórico de solidaridad automática, en las negociaciones entre las dos potencias, en una especie de geopolítica de intereses, sin la presencia del reclamante, en este caso de Ucrania.
El suscrito pretende demostrar que existe una solidaridad automática de las grandes potencias, el cual es recurrente en todas las reclamaciones territoriales, colonizaciones e invasiones, por las grandes potencias, destacándose un denominador común, propio de las grandes potencias mundiales, como lo es, la solidaridad automática, independiente de credos políticos, religiosos o culturales.
El recién electo Presidente de los Estados Unidos ha venido difundiendo una estrategia como una herramienta de “política internacional” la cual no es coherente con los estatutos y principios de la ONU, ni del Orden Mundial, establecido con la terminación de la Segunda Guerra Mundial. La estrategia política está basada en un hegemonía beligerante, donde afirma que la paz se logrará a través de la fuerza, noción beligerante la cual es congruente con la afirmación del Presidente de Rusia, quien afirma también que “ la fuerza crea derechos”.
El suscrito pretende demostrar que en la geopolítica no se fundamenta en vínculos amistosos entre los países, sino en intereses políticos y económicos. Existe un proverbio Keniano que patentiza esté poder de la fuerza como herramienta, ante el débil, en los conflictos con los poderosos, al decir: “Cuando los elefantes pelean la grama sufre.“ Venezuela en su reclamación territorial al igual que la Argentina, fue víctima de la fuerza de las grandes potencias, que se aliaron en su contra.
El territorio ucraniano ahora pretende ser repartido entre estas dos potencias, basada en el uso de la fuerza económica y militar. El despojo de Venezuela al igual que la reclamación Argentina y ahora Ucrania, es un recordatorio para todos aquellos países que piensan que están seguros, por el hecho de girar en la órbita de las grandes potencias, olvidando que las potencias no se rigen por lazos y vínculos amistosos o ideológicos, ya que sólo comparten intereses.
Europa se encuentra ante una encrucijada vital desde el punto de vista político, económico y militar, ante esta nueva alianza de Estados Unidos y Rusia lo cual seguramente traerá propuestas independientes y autónomas de Europa, para no seguir dependiendo de la protección del “Paraguas Nuclear” de los Estados Unidos. Bajo este aparente “Nuevo Orden Mundial”, bipolar, surgen más preguntas que respuestas, que pasará con Taiwán, con la Península de Corea del Norte y Corea del Sur, con Guyana, con Palestina, con Panamá y con otros países con recursos y sin recursos, expectantes de democracia y de Derechos Humanos.
Pareciera esto ser, el último estertor del declive moral y político de las grandes potencias, antes del colapso del planeta.
Análisis de la geopolítica de las grandes potencias, elaborado por Óscar Ceballos Abogado UCV. Politólogo MD. Especialización en Administración Pública. Ohio University Athens Ohio. Ex Inspector de Tribunales