
Región Guayana, Venezuela – La minería ilegal en la Amazonía venezolana, impulsada por redes de tráfico de oro y drogas, ha generado graves daños ambientales y ha provocado el desplazamiento de comunidades indígenas, alterando la geografía humana y ambiental de la región.
La red oculta del tráfico de oro y sus consecuencias
Un reciente estudio identifica más de 3.700 puntos de minería ilegal en la región amazónica de Venezuela, muchos de ellos conectados a una vasta red de pistas clandestinas utilizadas no solo para el tráfico de oro, sino también para mover drogas y mercancías ilegales. Esta actividad económica ilícita genera ganancias sustanciales para redes criminales, mientras que deja a su paso destrucción y contaminación. El uso intensivo de mercurio en estas explotaciones contamina ríos y ecosistemas, afectando directamente a las comunidades indígenas que dependen de estas fuentes de agua para pescar y sobrevivir.
La devastación ambiental y el éxodo indígena
Entre 2016 y 2020, la Amazonía venezolana perdió más de 140.000 hectáreas de bosque primario, destruyendo uno de los mayores pulmones verdes del planeta. Esta deforestación masiva tiene un impacto irreversible sobre la biodiversidad y contribuye al cambio climático. Además, las comunidades indígenas y rurales están siendo forzadas a abandonar sus territorios ancestrales debido a la expansión de la minería ilegal. Muchas de ellas migran hacia ciudades intermedias como Puerto Ayacucho y Ciudad Bolívar, enfrentando desafíos como el acceso limitado a servicios básicos, precariedad laboral y la proliferación de asentamientos improvisados.
Memoria histórica y soluciones sostenibles
Organizaciones ambientales y comunidades indígenas han llamado la atención sobre la urgencia de detener el avance de la minería ilegal. Proponen alternativas económicas sostenibles y un manejo ambiental responsable. La cooperación internacional y la acción conjunta entre los actores locales son fundamentales para salvaguardar la Amazonía venezolana, preservando su biodiversidad y la riqueza cultural de sus habitantes. Con información de EL PAÍS