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Redacción – En un giro histórico para las relaciones interamericanas, la encargada de negocios de Estados Unidos, Laura Dogu, arribó este fin de semana a la capital venezolana para formalizar la reapertura de la misión diplomática de su país.
El movimiento ocurre en un momento de extrema sensibilidad política, marcado por el reciente anuncio de una Amnistía General por parte de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y el clamor persistente de distintos sectores sociales que exigen «libertad», aunque con significados opuestos.
El regreso de Washington: «Listos para trabajar»
Tras siete años de ruptura diplomática y el cierre de la embajada en 2019, la llegada de Dogu simboliza el inicio de una nueva etapa de contacto directo entre Washington y Caracas.
“Mi equipo y yo estamos listos para trabajar”, afirmó la diplomática a su llegada.
Dogu subrayó que la prioridad de su gestión será evaluar la estabilidad del país y supervisar los acuerdos de cooperación energética y política alcanzados tras la captura y traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos a principios de enero.
Un escenario de contrastes
Mientras la delegación estadounidense se instala, las calles de Caracas reflejan la división del país: por un lado, el oficialismo mantiene movilizaciones exigiendo la liberación de Maduro; por el otro, familiares de presos políticos ven en la llegada de la diplomacia y la nueva Ley de Amnistía una oportunidad definitiva para la justicia.
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