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***La ONU advierte en Ginebra que el cambio de rostros en el poder no ha frenado la persecución ni vaciado las celdas de los presos políticos.

Caracas / Ginebra (Correo Financiero) – Un pedazo de papel arrugado, con nombres escritos a bolígrafo y tachaduras que el tiempo ha vuelto borrosas, es el único mapa de la desesperación a las puertas de El Helicoide. No hay pantallas LED anunciando liberaciones ni decretos que vacíen los pasillos. En la Venezuela de esta «tensa calma» de marzo de 2026, la transición parece haberse detenido en seco frente a las rejas. Los rostros en los despachos ministeriales habrán cambiado tras los eventos de enero, pero quienes custodian los cerrojos y firman los retardos procesales son, en esencia, los mismos que convirtieron la detención en una herramienta de arquitectura política.
Este jueves 12 de marzo, la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela (FFMV) presentará en Ginebra su actualización oral. El dato es terco: todavía alrededor de 800 ciudadanos, según cifras de diversas ONG, permanecen tras las rejas por motivos políticos. Para los expertos de la ONU, el cambio de guardia en Miraflores no ha significado, hasta ahora, un cambio de métodos en las mazmorras.
La amnistía de cristal
Un punto de atención en Ginebra será la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática. El texto, ya sancionado por la Asamblea Nacional, es visto con un recelo clínico por la Misión. El temor es que la ley no funcione como una puerta, sino como un tamiz: un instrumento diseñado para beneficiar a figuras de alto perfil mientras deja en el olvido a los cientos de civiles triturados por expedientes de «terrorismo» fabricados bajo coacción.
La advertencia de la ONU es clara: una amnistía que no desmonte los procesos amañados en tribunales militares, o que ignore a quienes sufrieron torturas en centros como Tocorón y Tocuyito, es simplemente un barniz de impunidad. En Ginebra saben que la justicia no se puede negociar a cambio de cuotas de gobernabilidad.
