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***Bajo la consigna «el miedo se acabó», una multitudinaria movilización en Puerto Ordaz conmemoró el Día de la Juventud exigiendo el fin de la represión y la liberación de los presos políticos.

Ciudad Guayana – El sol de Guayana no solo calienta el asfalto de Alta Vista; hoy 12 de febrero quema desde temprano. No es solo el clima habitual de la ciudad del hierro, es la energía de cientos de voces que se han congregado en la Plaza Monumento a la CVG. Es 12 de febrero, Día de la Juventud, y lo que comenzó como una conmemoración histórica de la Batalla de La Victoria, se ha transformado en un circuito de dignidad humana que recorre las arterias comerciales de Puerto Ordaz.
El mensaje es claro, “se acabó el miedo, es tiempo de levantar la voz, de recordar a los muertos por la democracia y de exigir la liberación de todos los presos políticos”; este clamor lo corearon cientos de voces, jóvenes y no tan jóvenes que se juntaron en la Plaza Monumento; reviviendo la calle apagada hace meses por la represión.
El rugido de la Plaza Monumento
Desde temprano, el blanco y rojo de las franelas universitarias y el tricolor de las banderas inundaron el punto de encuentro. No hay tarimas pomposas, solo la urgencia de ser escuchados. El eco de una consigna martilla el aire con una fuerza rítmica: «¡No más miedo! ¡No más miedo!». No es un eslogan vacío; es un exorcismo colectivo en una región que ha conocido de cerca la bota de la represión.
Víctor Palazzi, con la voz juvenil curtida por la convicción, toma la palabra frente a una multitud que guarda un silencio reverencial. «Hoy la lucha es de moral, de convicción», sentencia. Sus palabras no solo evocan a José Félix Ribas, sino que aterrizan en una realidad cruda: la exigencia de libertad plena para los presos políticos y el cierre definitivo de los centros de tortura.
«Pensar diferente no es un delito», repite la multitud como un mantra, mientras el nombre de Augusto Puga, el estudiante asesinado en 2017, flota en el aire como una herida que se niega a cerrar. Un minuto de silencio, denso y cargado de memoria, envuelve la plaza en honor a los caídos.
Un circuito de unidad: Universidades y Trabajadores

La marcha inicia su recorrido por Alta Vista. Es un movimiento fluido donde los límites entre sectores se borran. Allí, codo a codo con los estudiantes, están los trabajadores de las empresas básicas, esos que han visto desmoronarse el parque industrial más importante del país. Dirigentes políticos de diversas tendencias de oposición, y sociedad civil, esa que todavía – a pesar de los pesares- resiste y se niega a rendirse a pesar de la diáspora de sus hijos, la represión oficial, la crisis económica, los más de 19 mil presos políticos de la última década.
En el recorrido, el testimonio de los presos políticos excarcelados aporta el matiz más humano y desgarrador de la jornada. Sus rostros, marcados por la resiliencia, son el recordatorio viviente de que la cárcel no pudo quebrar la voluntad. Hablan de la reconstrucción, de la necesidad de que los hermanos exiliados vuelvan a casa para levantar, entre todos, la nación que les fue arrebatada.
El fin del silencio

La marcha no es solo una protesta por las carencias económicas; es un reclamo por la identidad. Se habla de la diáspora, de las madres que esperan y de los primos que se fueron. La meta no es solo el cambio político, sino la reconciliación nacional bajo condiciones claras de justicia.
Al cerrar la jornada, el ambiente en Alta Vista es distinto al de la mañana. Hay un cansancio físico, pero una renovación espiritual. Los manifestantes se miran a los ojos con la complicidad de quienes han perdido el temor. Guayana, la tierra que forja el acero, hoy parece haber forjado una nueva voluntad ciudadana.
La consigna final retumba en los edificios de cristal de la zona comercial, dejando claro que el tiempo del silencio ha pasado. Porque en Puerto Ordaz, la convicción de los jóvenes y la fuerza de sus trabajadores han sellado un pacto histórico: el miedo se acabó.
Como bien dijo Palazzi frente a la mirada esperanzada de su gente: «Somos hijos de la dictadura, pero seremos padres en la democracia». Correo Financiero – CNP 8235
