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Escrito por: Luis M Navarro DCNP 5579.
Tal como Alicia en el País de Las Maravillas, antes del 3 de enero, Delcy Rodríguez se aburría en una vicepresidencia insulza, hasta que apareció Donald Trump y la sumergió en la madriguera del conejo del tutelaje imperial.
La estrategia actual no es una ruptura con el terrorífico pasado, violador inimaginable de DDHH, sino una reingeniería del poder que utiliza el «reciclaje» de figuras con historiales cuestionables para asegurar la lealtad de las bayonetas, mientras se proyecta una fachada de eficiencia técnica ante la comunidad internacional, intentado matizar el nuevo paisaje de ese país maravilloso, cuya última puesta en escena surrealista apunta a que el culpable de la crisis eléctrica son los rayos fotónicos del sol.
En ese escenario, irrumpe el nuevo gabinete de «Reciclaje», en el que se reafirma la lealtad sin cuestionamientos sobre la Justicia. El nuevo potaje del enchufe eterno.
La transición del «Rodrigato», encabezado por la celestina de Washington, Delcy Rodríguez, y su hermano, Jorge, en el papel del Gato Sonriente en Alicia en el País de las Maravillas post revolucionario, se ha cimentado en mantener a figuras que, por sus antecedentes, tienen «quemados los barcos» con la justicia internacional, lo que los convierte en aliados ultraleales por necesidad de supervivencia y crematística monetaria, para seguir raspando la olla en donde «haiga».
Gustavo González López (nuevo Ministro de Defensa) es el ejemplo más pragmático, tal como el Conejo en las aventuras de Lewis Carroll, es el prototipo de la ansiedad y desespero por no llegar tarde a la reparticion de lo que queda del botín del cadáver socialista.
A pesar de haber sido señalado por la Misión de Determinación de los Hechos de la ONU por su rol en detenciones arbitrarias y torturas como director del SEBIN, Rodríguez lo ha rescatado, tal As de Corazones, para sustituir a Vladimir Padrino López.
Su nombramiento envía un mensaje interno a los guardianes de la inteligencia represiva, ahora son los guardianes de la soberanía, en el País de las Maravillas de Alicia, digo de Delcy.
Mientras tanto, Diosdado Cabello (Ministro del Interior), todo lo contrario de lo que representa Alicia en el País de Las Maravillas que no es más que la transición de la inocencia de la infancia a la adultez, su rol es que la transición, bajo el tutelaje de Donald Trump, permanezca inalterable, aferrada al pasado sin ningún tipo de escrúpulos, a punta de mazazos que saltan de la chistera del Sombrero Loco post revolucionario.
Su permanencia en el área de seguridad y justicia subraya que el control territorial y el control de daños políticos y «colaterales» siguen bajo la misma lógica de intimidación, a pesar de los intentos de Delcy por suavizar la imagen del país.
Juan Escalona (Despacho de la Presidencia), tal como la Reina Roja en el cuento de Carroll que retrata los trastornos mentales, la bipolaridad y la esquizofrenia, el ascenso del que fuera edecán de Maduro a un cargo de confianza absoluta demuestra que el «reciclaje» no solo es de generales, sino de la guardia pretoriana que conoce los secretos más íntimos del esquizofrénico y dañino esquema previo.
La paradoja de la Estabilización Militar es que Delcy Rodríguez ha ejecutado una purga selectiva (marzo de 2026) en el Alto Mando Militar (Ejército, Armada, Aviación y GNB) bajo el argumento de «alinear» las fuerzas a los nuevos retos de seguridad y acercamientos con EEUU.
Sin embargo, el análisis de fondo revela esquemas de sustitución, no de depuración. Se reemplazan piezas desgastadas por figuras como Germán Gómez Lárez (DGCIM), buscando un control más «quirúrgico» de la disidencia interna militar. La Oruga en Alicia el País de las Maravillas representa la transformación, aquí lo más tétrico de la cúpula militar la aplasta.
Con el «Peaje» de la estabilidad, para evitar un golpe o una fractura tras la caída de Maduro, Rodríguez ha permitido que los militares mantengan el control de carteras económicas críticas: Hábitat y Vivienda (MG Jorge Márquez), Industrias y Comercio (TCnel Luis Villegas) y Agricultura (Julio León Heredia).
Eso da un mensaje a las huestes militares más leales de una garantía de impunidad.
Al reciclar a estos actores, el régimen asegura que no habrá investigaciones internas sobre corrupción estructural o violaciones de derechos humanos, pues los encargados de las instituciones son, en muchos casos, los mismos señalados en los informes de la ONU hasta 2025.
La «Fachada Técnica» y el pragmatismo de Delcy, como personaje principal de ese país maravilloso inexistente, a diferencia de la retórica confrontativa de años anteriores, se retrata de frente con este esquema de reciclaje, vendiéndose bajo una narrativa de «expertise técnica».
Delcy Rodríguez intenta separar el historial represivo de los funcionarios de su supuesta capacidad de gestión para, nuevos escenarios y tramoyas para montar el novedoso paisaje del «Lewis Carroll» transitivo.
Todo apunta a atraer Inversión, presentar un país maravilloso y «ordenado» (aunque sea bajo bota loca y sangrienta militar).
Además de negociar sanciones, utilizando la estabilidad interna como moneda de cambio con Washington, argumentando que ella es la única que puede mantener el control del aparato estatal.
La estabilización en Venezuela, la nación de Delcy en su País de Maravillas no es democrática sino transaccional. Se ha reciclado a represores y corruptos porque son los únicos capaces de garantizar el orden interno sin cuestionar el origen del poder actual.
La «transición» liderada por Rodríguez es, hasta ahora, un cambio de cabeza en una estructura que mantiene intactos sus mecanismos de control social y militar.
